Identificación y usos
de plantas medicinales

El mundo asiste hoy a una reformulación en la corrección de la vida. Valores naturales y ecológicos retornan con gran fuerza en la conformación de nuevos preceptos en todas las áreas del conocimiento tanto científico como otros en la vida cotidiana. El uso de plantas para fines medicinales se ha renovado y ha provocado interés por el conocimiento de los orígenes y  características de las propiedades de estas plantas incluyendo su morfología, composición química, propiedades farmacológicas, entre otras.

El retorno a la naturaleza

En los últimos 20 años este renovado interés por las plantas medicinales se ha debido a la toma de consciencia de los límites de la medicina moderna. Su uso se ha hecho efectivo especialmente en el tratamiento de enfermedades crónicas debido al temor a los efectos secundarios, de ahí el creciente apoyo de la investigación clínica moderna hacia el uso médico de las plantas. De hecho, la mayoría de las plantas son medicinas suaves que funcionan perfectamente en combinación con las medicinas convencionales pues, contrariamente a algunas creencias, las interacciones peligrosas entre las plantas y los medicamentos son poco frecuentes.

Desde tiempos remotos el hombre ha utilizado plantas con fines medicinales, lo cual se ha constituido en una práctica que pudo traspasar todo tipo de fronteras (culturales, temporales, religiosas). Ya se trate de países desarrollados, con muy buenos estándares de calidad de vida, o de países en vías de desarrollo donde el acceso a los medicamentos aún constituye un bien de lujo que está al alcance de muy pocos, muchas plantas han demostrado su capacidad para evitar enfermedades o el agravamiento de los síntomas existentes. De hecho, algunos dirán que la fitoterapia es ideal si consideramos que la prevención es la mejor medicación (la ambigüedad de un enfoque preventivo es que, por supuesto, si tiene éxito no vemos los resultados, este tipo de enfoque se acerca más a la costumbre de los antiguos emperadores de China de pagar a sus médicos solo mientras se encuentren bien, por lo que al médico siempre le interesaba actuar de manera preventiva en lugar de esperar a que se produjera la enfermedad).

La fuerza de los sistemas médicos tradicionales como el de la Ayurveda (India/Sri Lanka), las medicinas herbarias chinas y occidentales radica en que los conocimientos y la experiencia abarcan miles de años y constituyen el ensayo clínico más largo. Cuando se comprueban a lo largo del tiempo, son pocas las plantas ineficaces o dañinas que permanecen en uso. Por consiguiente, la utilización a largo plazo de una planta puede considerarse como un indicador de su utilidad y de la ausencia de riesgos, aunque no sea una garantía absoluta pues cabe destacar, sin embargo, que aunque son naturales son medicamentos que también pueden tener efectos secundarios por lo que para obtener buenos resultados deben utilizarse de forma razonable, cuidadosa y con plena consciencia de los límites de su eficacia.

De ahí que la fitoterapia (uso de mates e infusiones) es particularmente efectiva y segura para tratar problemas agudos comunes como la tos, dolores de cabeza y erupciones cutáneas, además de tratar problemas crónicos como la depresión leve, la artritis o las venas varicosas. Su uso además sirve efectivamente para la prevención de enfermedades, mejorar el estado general y para la Atención Primaria en Salud (APS).

Dentro de las prácticas tradicionales mencionadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sin lugar a dudas la fitomedicina ha demostrado ser la práctica más popular y reconocida, empleada principalmente en los países en vías de desarrollo de Asia y África. De esta manera, no resulta extraña la utilización de plantas medicinales que en los centros de Atención Primaria de la Salud (APS) de esas naciones se ha constituido en política de estado, generándose así una gran cantidad de cultivos organizados y supervisados por las autoridades sanitarias, donde participan mancomunadamente el Estado, las universidades y la propia población.

Pese a que América Latina cuenta con índices de pobreza acuciantes y que el acceso a los medicamentos es cada vez más limitado son muy escasas las políticas estatales que intentan promocionar el empleo de plantas medicinales en APS. Los esfuerzos realizados por el grupo de investigadores “TRAMIL” en el área del Caribe, las iniciativas gubernamentales de Cuba o las que desde hace más de una década viene desarrollando Brasil son algunas de las excepciones que dieron cabida a esta práctica ancestral.

Otro aspecto importante es la cuestión formativa de los profesionales de la salud, en donde las plantas medicinales son apenas mencionadas y en muchos casos se las relaciona (indisimuladamente) a cuadros de toxicidad, como si se tratara de “demonizar” la temática o relegarla a prácticas sin consenso académico. A menudo quienes menosprecian o reniegan de esta práctica desconocen que gran parte de los medicamentos que ellos mismos utilizan derivan precisamente de plantas medicinales (aspirina, taxol, vincristina, vimblastina, etopósido, pilocarpina, digitales, L-Dopa, galantamina, metformina, etc., por citar algunos).

En la era de las moléculas sintéticas y la ingeniería genética la medicina por medio de las plantas podría pasar por un proceso terapéutico “arcaico”. Pero sería olvidarse que el 80 % de nuestros medicamentos actuales son derivados de las plantas medicinales tradicionales. Recordemos igualmente que cuando prescribimos en las cotidianas recetas estudiadas y utilizadas desde siglos, no se toma exactamente los mismos riesgos terapéuticos que cuando se lanza un nuevo medicamento en tiempos de la medicina moderna.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) manifiesta, es cierto, un interés claro en las farmacopeas tradicionales como las farmacopeas con plantas medicinales. Se apoyan, en efecto, los estudios sobre conocimientos de la etnomedicina del mundo para buscar a un precio mínimo los medicamentos del mañana. Pero podemos constatar una ausencia total de interés de la parte de los investigadores occidentales en la manera en la cual estas tradiciones han establecido las virtudes de las plantas y como utilizan sus propias farmacopeas. Es cierto que ese tema no es de interés para las industrias farmacéuticas, más preocupadas por la investigación de la molécula que le aportará la ganancia mercantil.

Las farmacopeas tradicionales se sustentan sobre un acercamiento no empírico, pero sí sensible de la medicina. Una medicina que en su sentido primitivo es por sí misma sinónimo de “medicamento”, o de “poder de curación”. Estas farmacopeas toman en cuenta la naturaleza intrínseca de las substancias como también de los humanos; de su medio de vida, de su temperamento y de sus afinidades. La física moderna ya admite que toda materia es una forma de energía. Terminará sin duda en demostrar cómo la medicina amerindia, cómo la de los Indios de América del Norte pudieron establecer el campo de la medicina de manera sensible dirigiéndose al “espíritu de las plantas”, es decir, poniéndose en sintonía de sus cuerpos vibratorios. ¿Cómo explicar de otra manera el grado de precisión y de complejidad de estas farmacopeas desde sus orígenes? Si el instinto y la intuición no estaban al inicio, un millar de años no habrían sido suficientes para establecer de manera empírica las propiedades medicinales y de todas las substancias de este planeta, seleccionando las más útiles y sus mejores maneras de prepararlas.

La farmacopea amerindia se funda sobre un saber, un diagnóstico y una lógica de prescripción que no tiene nada que ver con la de la medicina sintomática. Fue sin duda lo que ha permitido resistir al “rodillo” de la farmacia moderna y seducir a sociedades que hace ya mucho tiempo dieron la espalda a su propia medicina tradicional.
La medicina bioquímica ve al producto natural solo como elemento terapéutico por su principio activo de modo que en contraparte de la potencia de acción obtenida tiene una total ausencia de “freno terapéutico”, causante esto de una impresionante lista de efectos segundarios indeseables. Un reciente informe del Comité de Fármaco-vigilancia entregado al Ministerio de la Salud de Francia estimaba 18.000 muertes anuales en Francia causadas por efectos secundarios de medicamentos; es decir, casi el doble de los fallecimientos causados por los accidentes vehiculares en carreteras. Esta increíble observación debería fomentar la curiosidad de la biomedicina respecto de los saberes ancestrales.

La relativa “ineficiencia de las plantas” comparativamente con los tratamientos alopáticos no está excluido de fundamentos. Efectivamente hay que admitir que de una manera general, la potencia de acción de las plantas medicinales es muy inferior a la de los medicamentos modernos. La farmacopea amerindia incluye una gran cantidad de plantas y de fórmulas reconstituyentes, más cercano al principio dietético que de medicamento tal cual lo entendemos nosotros. Una razón general es que los tratamientos tradicionales amerindios tienen como objetivo ayudar el cuerpo a regular sus problemas y no de curar directamente los problemas.

¿Por qué una base de datos sobre usos de plantas medicinales?

En medicina no existe una frontera neta entre la alimentación, la dietética y la farmacología. Algunas horas de cocimiento o una preparación particular bastan a veces para convertir un alimento en un medicamento que será siempre más propicio para ser reconocido por el cuerpo que un producto sintético.
Actualmente varios países introducen en su sistema nacional de salud, a través de ONG’s o a través de diversas instituciones de salud, la utilización de las plantas medicinales (Chile, Bolivia, Paraguay, entre otros).

En la Fitoterapia, se usa actualmente muchas plantas medicinales, pero no existe un sistema fácil de acceso a la información para los usuarios, es decir, en saber cuáles serían las plantas aptas a su padecimiento (curativo, prevención).
Por tal razón trabajo desde hace 20 años, en sistematizar las propiedades, las enfermedades que curan y los compuestos químicos (principios activos) de las plantas medicinales de Bolivia, Paraguay, como también de la mayoría de los países de América Latina.

Esto permite identificar rápidamente cual planta es la que sirve para curar las enfermedades de un paciente con solamente un “clic” y no tener que hacer una búsqueda, muchas veces engorrosa, en diferentes libros antes de encontrar dicha información.

A través de un programa computacional, se podrá procesar e identificar en algunos segundos varios miles de datos sobre las plantas medicinales de todo el continente (usos, propiedades, compuestos químicos, entre otros).

Alcance

Se han identificado y priorizado en un primer tiempo, 5.500 plantas medicinales diferentes (de un total de 9519 plantas descriptas), de las cuales más de 2.500 plantas de las identificadas, ya están clasificadas y sistematizadas con todas sus propiedades y uso, como también sus componentes activos (químicos) de la mayoría.

Solo con estas plantas ya clasificadas, llegamos a más de 200.000 datos a procesar, de ahí la importancia de un programa computacional para analizar los datos y la facilidad de acceso a dichos datos.

Laurent Poulet